1 febrero 2018
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Por Greta Díaz.

Hoy conocí a la hija de un amigo, tiene menos de dos años. Pongámosle “Laura”. Bromeando (y no) con su padre, le dije “Laura será feminista”. Yo le enseñaría a ser feminista, como a las hijas (e hijos) de mis demás amigos. Pero, honestamente, no quiero que Laura sea feminista.

Sé que por ahora es demasiado pequeña para entender la problemática de género. Los “sí” y “no” a los que se enfrentan los hombres y mujeres de nuestra generación.

En este momento es demasiado inocente como para entender que por algo carga una muñeca y no un coche de juguete (ojo, no satanizo a las muñecas). Sé que por ahora, y esto me da gusto, no tiene el conocimiento de las palabras “feminazi” y “onvre”. Por encima de todo, odio pensar que Laura será feminista.

Me pregunté cómo sería el mundo para Laura dentro de 20 años. ¿Ella necesitará luchar por equidad de género? ¿Por ganar lo mismo que sus compañeros hombres? ¿Tendrá presión social por ser madre? ¿le chiflarán en la calle? ¿Se sentirá insegura sólo por ser mujer? Claramente no tengo respuesta a estas preguntas.

Pienso en las posibles respuestas a estas preguntas. Recuerdo los 8 dientes que se asoman de la boca de Laura cuando sonríe. Me recorre un sentimiento de ternura y al mismo tiempo quiero protegerla de un futuro incierto.

Si la respuesta a esas preguntas es sí, entonces, definitivamente preferiría que Laura fuera feminista. Porque una feminista no lucha por privilegios, lucha por equidad. Una feminista no busca ponerse por arriba de un hombre, sino a la par. Una feminista no anhela libertinaje, sino el ser dueña de su cuerpo. Una feminista no vive enojada con los hombres y mucho menos con el mundo, todo lo contrario: admira el mundo y a los humanos.

Pero nuevamente, espero que Laura no tenga que ser feminista. Porque entonces eso implicaría que la respuesta a mis preguntas es “no”. Y también implica que Laura habrá crecido en una sociedad sin “feminazis” y sin “onvres” (si es que existen). El feminismo habrá sido cosa del pasado, igual que el machismo y sexismo. Habrá comprendido que el feminismo era necesario para llegar a una equidad y a un entendimiento de que todos somos seres humanos.

Definitivamente, ojalá Laura crezca sin las palabras “patriarcado”, “machismo”, “sexismo”, “onvres”, “feminazis”, “violencia de género”, “femichairas” y bueno… cedo un poco, sólo en caso de ser necesario, que FEMINISMO sea parte de su vocabulario y de su actuar diario.

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