20 febrero 2018
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Por Néstor Salgado.

Hoy hablaré de la belleza y la fornicación premarital que en ésta, su columna de confianza, condenamos enérgicamente.

Los han escuchado, seguramente: La Belleza cuesta, la Belleza acaba, la Belleza no es eterna, la Belleza duele… pero… ¿Qué es?

Si nos vamos a la referencia más antigua que conozco, la Biblia, encontramos en el libro de Ezequiel (el mismo señor que cita Jules en “Pulp Fiction”), capítulo 28, versículo 17, “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti”.

Les doy tiempo de que asimilen que acabo de citar la Biblia.

¿Ya?

Bueno, seguimos

Ya leyendo completa la cita, es para un tal príncipe de Tino, pero los que le saben a éste negocio dicen que habla del mismísimo Lucifer, al Demonio, Diablo, Satanás, el Ángel Caído, el más Bello… y que tumbaron a lo más profundo del Averno (aún más abajo que el Estadio Azteca) por creído y altanero. Por querer ser más que el Jefe. Por rebelde e insurrecto. Peor que reincidente en Reclusorio Oriente.

Pero si lo analizamos a fondo, desde entonces los antiguos nos lo decían: OJO CON LA GENTE BONITA, no es de fiar, es mala, los feos son los honestos, son los que rifan. “Es feo pero es fiel”, “Es feo pero me quiere como soy”, “Es feo pero le echa ganas”, “Es Feo, Fuerte y Formal”, hay incluso canciones y poemas para defender la Fealdad.

Ponemos a la Belleza como algo ajeno a nosotros, pocos son los que se asumen “guapos” o “guapas”, y peor, acercarse a alguien que consideramos así, les da miedo, les causa pavor. Pareciera que están tratando con otra especie, como si fueran extraterrestres. Como se mira al León o al Lobo: Por la tele y de lejecitos.

Cierto, no todos, habemos a quienes ya no nos importa nada y no conocemos el miedo, habemos quienes nos rifamos el físico y vamos con toda la intención de entablar la amistad con todos y todas. Porque somos gente de paz, de amor (y uno que otro por caliente, pero esos no los consideremos acá por ahora)

En lo particular, creo que la Belleza es todo aquello que nos inspire Felicidad. Así. Sencillo y resumido, más fácil que la tabla del uno, más fácil que caer en la friendzone. Y les voy a contar por qué llegué a dicha conclusión.

Todo empezó con las amigas que tengo, que se dividieron en dos grandes grupos: Las que se asumían guapas, y las que no. Pero lo que me llamó poderosamente la atención fueron las razones que daban: “No, no soy guapa, tengo ojos bonitos, pero…”, “Sí, soy guapa, OBVIAMENTE, pero…”, “No, no soy así que tú digas la más guapa, pero…”, una incluso hizo una apología de su propia belleza… y aún así, todas y cada una de ellas tenían ese “PERO” que no alcanzaba a dilucidar.

Seguí buscando, seguí encontrando, y noté que todas tienen un concepto similar, pero no explicado: La belleza conlleva felicidad. Y ese “pero” es la razón por la cual no se asumen felices.

Lo sé. Justo ahora están pensando “OH MY GOD SICIERTO”

Y es que nada nos parece. Nada nos satisface. Como decían en mi barrio: Ningún chile nos embona. En pocas palabras, no somos felices.

Ya sé, suena catastrófico, apocalíptico, pero… ¿Ustedes son totalmente felices? ¿Verdad que no? Siempre hay algo que nos falta, siempre hay algo que nos sobra, siempre hay algo que añoramos, aunque sea fantasioso, aunque sea efímero. Nos gusta hacerle al drama.

Muchos tienen a la mejor esposa del mundo, hijos maravillosos y mueren por vivir la vida loca de solteros. Otros viven la vida loca de solteros… y bueno, creo que ya me entendieron. Y es muy notorio en una frase que tal vez ustedes ya han pronunciado: “Cuando tengo novio, salen hasta de debajo de las piedras, cuando estoy soltera, ni por error me buscan”… ¿notan el patrón?

Aplica igual para la Belleza. Tienen TODO, y algo les falta siempre. Nunca se asumen enteramente. Incluso son mucho más quisquillosos con lo que está mal que con lo que está bien. Y está bien.

Yo, como muchos filósofos y estudiosos, creo firmemente que el ser humano es malo por naturaleza. Y creo que las ejemplificaciones de la Belleza en exceso de la mitología griega, por ejemplo, no fueron escritas al “ahí se va”… ¿No acaso Atenea castigó a Medusa con ojos de novia celosa (que te convierten en piedra) y cabellera de serpientes por ser “muy guapa” y presuntamente provocar la violación de Poseidón? ¿No Narciso se fue de hocico en un lago por andar de vanidoso y se ahogó? Y así, hay innumerables historias en donde la Vanidad es la que nos lleva a la desgracia.

Va por ahí, amigos. Creo que todos estos trabucos que nos pusimos como sociedad tienen una razón de ser. Creo que la misma sociedad impide que los guapos se lo crean, y los feos se lo imaginen. Sospecho que es precisamente para que no haya separaciones (más de las que ya hay), que al final la Belleza existe, sí, pero como la Felicidad, debe ser sentida, no juzgada, ser apreciada, más no enjaulada, debe ser vivida, no descrita… ¡sean guapos y felices!

Res Ipsa Locutorum

Nota: La imagen que acompaña la columna es “Medusa” de Caravaggio, de quien próximamente habrá una exposición en la CDMX a partir del 22 de febrero y hasta el 1 de julio.

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