8 marzo 2018
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Por Greta Díaz.

Cuando iba en la preparatoria, el 8 de marzo se me hacía una fecha ridícula, una fecha que sobraba dentro del calendario de celebraciones anuales. En la universidad, con todos aquellos temas de género, me parecía una fecha para levantar la voz y sentirme más mujer y más orgullosa de serlo que todos los demás días del año.

¿Por qué debo celebrar o ser felicitada por mis órganos reproductivos?

Conforme han pasado los años he visto que las posturas han cambiado. Ahora, a diferencia de en 2016, son más las personas que consideran que este día sea conmemorado y no celebrado. Ahora hay mujeres en la calle levantando la voz por sí mismas, por justicia, igualdad de derechos y, sobre todo, levantando la voz por todas aquellas mujeres que no pudieron o pueden hacerlo.

Sin embargo, esta mañana recibí un chocolate por ser mujer. Agradezco el gesto, pero no puedo evitar pensar en todas las mujeres asesinadas este año. En Valeria, que no llegó ni a la pubertad antes de ser privada de la vida. Me acuerdo de Mara Castilla a quien le arrebataron la vida en un Cabify. Pienso en Victoria Salas, quien fue asesinada por su propio novio. Estos son sólo tres casos en 2017, pero siete mujeres pierden la vida cada día en nuestro país.

Veo todas estas publicaciones felicitando a las mujeres y celebrándolas en “su día” y pienso en aquellos micromachismos que reproducimos todos los días. Pienso en las miles de niñas alrededor del mundo que no tienen derecho una educación por el simple hecho de ser niñas; en todas aquellas mujeres quienes ganan menos, o a quienes se les niega un trabajo porque “algún día se embarazarán”.

Me enoja pensar que somos una sociedad que celebra a las mujeres el 8 de marzo, pero compra ropa de tiendas que producen a bajos precios a costa de la vida de cientos de mujeres en países en desarrollo, quienes no ganan un sueldo digno; una sociedad que hace caso a una industria de moda que estereotipa a la mujer y causa trastornos alimenticios en miles de niñas; una sociedad que nos enseña a esconder nuestra condición de mujer, que nos dice que no debemos mostrar nuestro periodo menstrual, no hablar de él, y el día que un “accidente” demuestre que estamos menstruando, debemos apenarnos. Es la misma sociedad que penaliza moralmente a la mujer por tomar decisiones sobre su cuerpo y ejercer su sexualidad libremente; una sociedad donde la violencia se ve justificada por el corto de una falda o lo pronunciado de un escote. De nada nos sirve “festejar” el 8 de marzo si ignoramos la realidad de las mujeres alrededor del mundo.

No “celebro” el Día Internacional de la Mujer porque, por nacer con una vagina y no con un pene, el mundo me ha dicho que merezco menos y en realidad no es así. Preferiría mil veces una sociedad consciente que un día de “celebración” para las mujeres. Preferiría que las futuras generaciones de mujeres crezcan con las mismas posibilidades que los hombres, que no necesiten un vagón especial en el metro o taxis rosas, que no tengan miedo de caminar por la calle o pena de comprar toallas sanitarias o condones en la farmacia. Quiero una sociedad que le recuerde a la mujer que su menstruación no es un “desecho”, sino parte de su naturaleza como mujer. Quiero una sociedad que le enseñe a la mujer que su inteligencia es más importante que su belleza y que su voz es escuchada y SÍ importa.

Quiero una sociedad donde la palabra “feminicidio” ya no sea parte de la conversación ni de la realidad. Quiero una sociedad donde no necesitemos (un día especial para) luchar por nuestros derechos, donde ya no haya necesidad de discriminación positiva.

El 8 de marzo no es una celebración por el hecho de ser mujeres, tampoco es un día donde debamos sentirnos más orgullosas de ser mujeres y sentirnos capaces de levantar la voz, es más bien un recordatorio para no bajar la voz. Así que celebro a aquellas mujeres que saldrán o salieron a la calle para recordarle al mundo que aquí estamos, que queremos derechos y, sobre todo, que nuestras vidas se valoren.

Eso sí, reconozco a todas aquellas mujeres que salieron a las calles en busca de sus derechos, aquellas que permiten que los hombres luchen a nuestro lado. Reconozco a las mujeres fuertes y ejemplos que tengo en mi vida: a mi madre que sentó las bases de mi feminismo, a mis amigas feministas que no se cansan de alzar la voz, a mis amigas que no se declaran feministas pero en el fondo tienen los mismos principios y luchan día a día, a mi jefa que es un gran ejemplo a seguir, a las mujeres que, sin conocernos, forman una sororidad y nos fortalecen. Y ¿por qué no? a aquellos hombres que son aliados.

Sí, el 8 de marzo es una fecha de discriminación positiva, no estoy de acuerdo en que se celebre, pero si funciona para crear consciencia en nuestra sociedad, si es un pequeño paso para una convivencia equitativa, adelante, conmemoremos el día. Al menos una vez al año recordémonos que merecemos tanto como los hombres; pero en realidad creo que la equidad de género debería ser un ejercicio de todos los días, no sólo del 8 de marzo.

No digan “feliz día de la mujer” porque el resto del año somos asesinadas, violentadas, acosadas en la calle, piropeadas, nuestros derechos no se cumplen y mucho menos se nos hace justicia.
Gracias por el chocolate, pero preferiría respeto, igualdad y justicia.

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