10 mayo 2018
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Por Greta Díaz

Tengo 26 años y durante los últimos 2 años he sentido el deseo de ser madre. No que realmente lo quiera ser, sino que en cuanto veo un bebé, me emociono y lo quiero cargar y oler. Pero sé que mis hormonas y la presión social sobre ser madre (que casi todas las mujeres vivimos) es lo que alimenta ese deseo. Pero no por eso voy a tener un hijo.

Constantemente hago bromas con mis amigos sobre la mala madre que sería ahora. Entre esas bromas se encuentra dejar al niño descuidado, no ponerle atención, dedicar más tiempo a mi trabajo, olvidar darle de comer. Sé que todo eso no es cierto, que si tuviera un hijo, lo cuidaría como lo más preciado de mi vida.

Además sé (o me imagino) que ser madre, no es nada fácil. Hace unas semanas iba caminando en el estacionamiento de una plaza comercial con dos amigos mientras hacía mis típicas bromas de ser mala madre cuando vimos a una mujer que hablaba con su hijo de aproximadamente año y medio, quien se encontraba dentro del coche. El niño se había encerrado. Dije “¿Ven? Por eso no soy madre”. Reímos y seguimos caminando.

A los diez pasos, me cayó el 20 de que la mujer no la estaba pasando nada bien. ¡Qué horror tener a tu hijo de menos de dos años atrapado en un coche, con las ventanas cerradas, los seguros puestos y las llaves adentro! Nos regresamos y preguntamos si podíamos ayudar (aún sabiendo que no habría mucho por hacer).

El niño había logrado poner las llaves en el switch, los limpiaparabrisas se movían de un lado al otro, reggaetón sonaba a todo lo que daba y él bailaba agarrado del volante. Vaya fiesta. Durante unos minutos estuvimos intentando darle indicaciones para que bajara las ventanas, o apretara alguno de los botones para abrir los seguros, o… ya de perdida, abriera el quemacocos. Ninguna funcionaba.

La madre comenzaba a desesperarse, y el niño empezaba a comprender que algo no iba bien. Para no hacer el cuento largo, ayudamos yendo por la abuela que estaba dentro de la plaza y por fin lograron que el niño abriera una ventana y así sacarlo. La madre lo abrazó como si jamás lo fuera a dejar ir.

En un inicio pensé “¡¿A quién le pasa eso?!” Pero después recapacité y recordé que los accidentes nos pasan a todos. Sólo que a las madres las juzgamos con diferentes lentes. Como sociedad, somos muy duros con las madres, esperamos que sean perfectas. Que cuiden a sus hijos cada segundo de cada hora. Que no les quiten los ojos de encima. Que les den de comer y lleven a la escuela. Que ellas además trabajen, pero no tanto como para descuidar al hijo. Que tengan vida social, pero sólo con otras mujeres y que jamás tomen, porque así aumentan los descuidos. Y no debería ser así. Las madres también se equivocan, las madres también son seres humanos.

Recordé a muchas madres que han sido juzgadas: aquella que descuidó al hijo durante segundos y él terminó dentro de la jaula de un gorila, a quien después sacrificaron; la madre que no se dio cuenta que su hijo llevaba una pistola a la escuela, la madre que no se dio cuenta que su hija era bulímica, la lista es infinita, y entre ellas se encuentra mi madre: aquella vez que, yo teniendo dos años, me dejó dentro de la camioneta y yo logré arrancarla y chocar el coche de un profesor de tenis que le gritó a Cristy (mi mamá).

Repito, no soy madre y no sé si algún día llegue a serlo, pero tengo sobrinos (sí, soy de aquellas que le llama “sobrino” a los hijos de los amigos) a quienes he cuidado. Alguna vez, cuidando a la pequeña Luna, me descuidé dos segundos (¡dos, lo juro!) y ella terminó con popó de perro por todas partes. Hubo lágrimas y mucho asco involucrado en limpiarla. No sé lo que implique la preocupación de un hijo, pero creo que, por el amor que le tengo a mi sobrina, me puedo dar una idea. También tengo una idea de lo que implica cuidar a alguien mientras tienes tus propias cosas que hacer.

Y me pregunto ¿dónde estaban los padres? ¿Por qué juzgamos tan duramente a las madres cuando hay otra figura que debería ser parte del cuidado y crianza de los niños?

Así que me parece que debemos ser más ligeros con las madres, sobre todo con las que no conocemos. Ojo, esto no implica que la gente pueda ir por ahí teniendo hijos y descuidándolos, porque a final de cuentas creo que reproducirse implica mucha responsabilidad. Pero simplemente sería lindo que tuviéramos un poco más de consideración con las mujeres que son mamás, que hacen todo lo posible por cuidar a sus hijos y lo hacen con mucho amor. Y también ¿por qué no? Tener más consideración con nuestras propias madres cuando nos quieren cuidar de más (por ejemplo, mi mamá cuando me pide que no llegue tan tarde a casa o que no beba y maneje, o que no confíe en cualquiera).

Porque en realidad, no sabemos cuándo seremos nosotros aquella persona que se descuidó dos segundos por verse al espejo, tomar agua o contestar un mensaje laboral y terminó con un niño encerrado en un coche bailando reggaetón.

Un reconocimiento a todas aquellas mujeres que cuidan responsablemente de sus hijos. Pero sobre todo a las que, como la mía, rompen paradigmas, escuchan a sus hijos, se convierten en sus cómplices y confidentes. A las que, una vez más, como Cristy, se despistan de vez en cuando, porque son seres humanos, porque tienen sus propias vidas, pero siempre estarán para las cosas importantes.

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