15 mayo 2018
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Por Nestor Salgado.

Ya tiene casi siete años. No lo pedí. En realidad fue un conjunto de situaciones las que me pusieron en esa posición. Era yo más joven que ahora, rondaba mis 23 años. Deberían de verme. Me puse nervioso, me sudaban las manos, sonreí forzadamente, pero como supongo mi papá lo hizo ya hace algunos años, agarré valor de sabeDiosdonde, y empecé.

Me volví papá

¡Qué difícil es tratar con un hijo! Les hablas y luego no se callan, les indicas el camino de la verdad y las buenas costumbres y no lo hacen, les pides algo y te traen otra cosa, testarudos algunos, irremediablemente barberos otros.

Los hay de todas formas, colores, tamaños y niveles. Unos rebeldes sin causa, unos más alineados que pared de albañil. Los hay brillantes, los hay… bueno… lo que importa es que tienen salud. Algunos agradecidos, otros te olvidan en unos meses. Deportistas, fiesteros, fresas, burdos, bien educados, otros casi material de reclusorio.

Simpáticos, mamones, sonrientes, con cara de amargados, emos, skatos, cholos, hípsters, millenials, depresivos, hipocondriacos, hiperactivos. Revolucionarios, conformistas, ridículos, serios, felices, comprensivos, de mecha corta, de mecha larga.

Fans de Molotov, Sabina, Muse, Iron Maiden, Kinky, Katty Perry, Los Estrambóticos, Los Ángeles Azules, reyes de la cumbia, reyes del baile. Unos antreros, otros de bar. Abstemios, alcohólicos. Lectores, no lectores. Dedicados al estudio, balagardos sin oficio ni beneficio.

He tenido a cada uno de esos, y una sonrisa de satisfacción me sale en la cara, los he escuchado, los he querido, a unos no tanto. Hay quienes, en mi retiro, me siguen saludando y respetando. Diciéndome como me decían antes. Hay unos que ya me olvidaron, abandonándome a mi suerte.

Así es… a siete años de aquel inicio, y tras otros tantos sin ejercer, les puedo decir que ser profesor es lo más parecido a ser papá. Y me gustó. Lo volvería a hacer (no dudo que lo vuelva a hacer)

Mi legado ha perdurado, lo veo ahora con los que ahora son mis ex alumnos. Unos triunfando en la vida, otros cambiando su país, unos aún ahora preguntándome y pidiéndome ayuda o consejo. Otros haciendo lo que más les gusta y otros… bueno… lo que importa es que tienen salud.

Hoy, además de felicitar a mis profesores, que con su ejemplo y dedicación me formaron (para bien o para mal), reconozco a esas pequeñas mentes que se expandieron por mi culpa. Agradezco todo lo que ustedes me enseñaron desde su lado del aula. Gracias, porque me forjé en muchos aspectos en los que me tenía que forjar para lo que soy ahora. También los recuerdo, con cariño, su siempre profe, su siempre amigo.

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