17 mayo 2018
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Por Nestor Salgado.

Internet. Bello internet. Les voy a contar un secreto que muy pocas personas conocen: Detestaba internet. (Sí, repetí la palabra muchas veces, fue a propósito)

Me caían mal los compañeros que hablaban de Metroflog, Windows Messenger y anexas. No le veía ningún sentido subir fotos tuyas a una página que podía ser vista por un pederasta (recuerden que yo en aquel entonces, aparte de guapo, era muy joven, y era razonable mi pánico)

Nostálgico como soy, creía en la escritura a mano, y ya viéndome moderno, en la máquina de escribir; creía en las cartas kilométricas enviadas a 500 km en vía burro/tren/burro, rogando a San Antonio que el mensajero no muriera de una diarrea o una gripa.

Poco tiempo después, el amor tocó a mi puerta y la niña en cuestión tenía cierta fijación por hablar por teléfono. Y ahí va su chacha (yo, para mayor referencia)

Recuerdo que había días en los que me dolía la oreja por pasar horas pegado al aparatejo ese, de ahí deduje que el amor duele, pero gusta. Como era de esperarse, duró lo de la época de calor esa relación (y verano toluqueño, como un mes, pues)

Pasó el tiempo, y descubrí los alcances de internet. Me tocó aquella época en la que si necesitaban el teléfono te tenías que desconectar. Pero era asombrosa la cantidad de información que podía obtener a un solo click. Y aun así, me rehusaba a hablar a través de la computadora con alguien, máxime si esa persona me caía bien.

Después entré a la Universidad…

Una amiga, que no mencionaré, en un trabajo en equipo, tuvo la brillante idea de ponernos de acuerdo en el “Messenger”. Yo viajaba a Ixtlahuaca, y los autobuses que van allá se llaman “Mensajeros”, así que pendejamente creí que se refería a que lo platicaríamos en el bus rumbo a mi casa (aún ignoraba por qué ella disponía de mi hogar tan arbitrariamente, pero asumí que así se hacían éstas cosas)… aclarado el error anterior, abrí mi cuenta de Windows Messenger como quien se mete cocaína por primera vez.

Emoticones, usernames, avatares, estados de Messenger, diez conversaciones abiertas, desvelarme hasta altas horas de la noche, escribir e interactuar con extraños,… todo me parecía espeluznante, pero sin querer, empecé a encontrarle el uso correcto (y de adicción a la larga)

Y después, como con las drogas, tuve que subir, tuve que llegar más lejos, tuve que probar, metafóricamente, la heroína… tuve que romper las barreras… y abrí una cuenta en una red social. Hi5 se llama (porque increíblemente aún existe)… ¡De ahí empezó la hecatombe!

De aquel entonces no entraré en detalles, pero muchas cosas me han pasado con Internet y con las famosas redes sociales. Me salvaron de morir de aburrimiento en la pandemia del AH1N1, me dieron y me quitaron novias, me dieron trabajo, me hacen desvelarme a veces innecesariamente, me dieron amigos entrañables, me provocaron enemigos mortales, me permitieron crear un blog para escribir lo que salía de mi loca cabecita… y hoy, justo ahora, es mi fuente de empleo.

Internet es un monstruo. Un monstruo sin cabeza, sin corazón, cruel, despiadado, capaz de llevar a cualquier persona que tenga el mínimo contacto con él, a la miseria más oscura, es capaz de destruir mentes, hogares, sociedades. Puede destruir el mundo.

Pero no teman, pequeños. Como el monstruo que es, también tiene un punto débil: Depende del ser humano. El uso que le den a este coloso, es la capacidad de domarlo. No considero que haya alguien que lo domine al 100%, pero sin duda habemos quienes le hemos entendido, y sabemos distinguir lo bueno de lo malo. O al menos sólo evitar lo malo.

Sabemos que las redes sociales son una herramienta multiusos, que sirve para facilitarnos la vida, pero que usada irresponsablemente, es tu pase directo al infierno (yo lo aprendí a la mala, como todo lo que aprendo bien). Bien lo dijo el tío Ben al que después se convertiría en Spiderman: “Con un gran poder, viene una gran responsabilidad”.

Hoy es su día. Conmemórenlo como corresponde, como se conmemoraban las hazañas de Hércules contra el León de Nemea, la Hidra de Cerinea, el Jabalí de Erimanto: Celebren que hay una fuerza que aún puede controlarlo.

El día que no, ese día conocerán el Apocalipsis. Se los digo yo. Si se descontrola, tendremos enfrente al monstruo más grande jamás conocido por el hombre. Y no, no estamos preparados para eso.

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